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El principio de delegación: pilar del crecimiento y eficiencia empresarial

Toda organización debe tener repartida sus tareas para su buen funcionamiento. Un buen líder debe ser capaz de delegar para que la empresa crezca como debe.

El principio de delegación es uno de los pilares esenciales para que una organización sea eficiente, efectiva y pueda crecer. Sin embargo, muchas pequeñas y medianas empresas, generalmente de carácter familiar, se resisten a aplicarlo, anclándose en rutinas y protocolos con los que iniciaron posiblemente un camino de éxito, pero que requieren de una actualización ante la llegada de nuevos tiempos y una realidad empresarial.

La razón fundamental es que en este tipo de pymes el dueño, que suele coincidir con el gestor, máximo responsable o manager general, hace de ‘hombre orquesta’ (´One-man band, como se denomina a esta figura en inglés), es decir, sabe un poco de todo. De hecho, su visión y esfuerzo son los principales factores que determinan el éxito inicialmente. Pero a medida que la empresa va creciendo, y cuando se hace indispensable delegar para poder concentrarse en funciones de dirección y estrategia, esta figura se resiste a cambiar a pesar de que el número de empleados va aumentando.

Hay varias razones que explican este comportamiento, el cual generalmente termina afectando el desarrollo futuro de la empresa. La principal es que el dueño de la misma continúa considerando que solo él puede resolver casi todos los asuntos, independientemente de su importancia. No confía en la capacidad de decisión de sus empleados, que en la mayoría son familiares y amigos. Otra razón es que para delegar autoridad y responsabilidades hay que tener los controles correspondientes y saber exactamente lo que se está delegando.

Las empresas familiares no solo desempeñan un papel vital a la hora de sostener la economía local, sino que gracias a su agilidad y flexibilidad consiguen sobrevivir en tiempos difíciles. Sin embargo, su mismo ciclo vital arriba a un punto donde el conflicto entre la necesidad de continuar creciendo y la resistencia del dueño en delegar resulta inevitable, hasta el punto de que se hace crítico, surgiendo la incertidumbre y la improvisación.

Redistribuir responsabilidades y aumentar el número de empleados, sin delegar autoridad, empeora la situación creando duplicación, confusión y desencanto.

La delegación de autoridad debería implementarse conjuntamente con el ajuste de otros factores interdependientes, tales como relaciones de subordinación, rendición de cuentas, coordinación, etc. Y todo ello sería aconsejable llevarlo a cabo después que se haya realizado un análisis estratégico de la firma que también incluya el tipo de organización mejor diseñado para alcanzar los objetivos y estrategia propuestos.

La organización de consejos de gestión donde se analice la problemática y se tome decisiones contando con la opinión de mandos superiores o intermedios, conocedores en su mayoría de la realidad de la empresa en los distintos niveles, es también otra herramienta que no puede desdeñarse, si bien todo tiene como punto de partida y llegada la cultura empresarial que el máximo responsable de esta empresa transmita en su organización, así como su maduración y el grado de confianza que genere.

Gonzalo de Anta, Director General de Anta Consulting

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