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Todas las formas jurídicas de constituir una empresa en España

Al constituirse como una empresa uno debe hacer encajar varias piezas para dar con la forma jurídica más adecuada para sus intereses.

Al empezar una empresa o una actividad económica, la mayor parte de emprendedores parten de una idea o producto que les apasiona y entusiasma. Además de desarrollar el producto y hacer un plan de financiación sólido, hay otros muchos temas de los que se ha de aprender: recursos humanos y contratos, formas jurídicas de la empresa, impuestos, etc. Los aspectos legales y fiscales son desconocidos para muchos y tediosos. Y sin embargo, son fundamentales en la vida de la empresa.

En el comienzo de toda empresa, es importante saber el capital necesario obligatorio que hay que poner por ejemplo, así como el número de socios o promotores o el tipo de actividad. Estas decisiones pueden condicionar la forma jurídica de la empresa cara al futuro. También queremos (y debemos) saber cuáles son los trámites y tiempos con la administración para poder comenzar la actividad empresarial.

No hay que olvidar que en el futuro, y si las cosas desgraciadamente no van como se prevé, hay que tener en cuenta también la responsabilidad que el emprendedor toma en función de la forma jurídica elegida para empezar su empresa. Esta responsabilidad se puede limitar al capital invertido o se puede cubrir con todo el patrimonio privado de los socios. Estas son decisiones importantes que deben ser sopesadas antes de iniciar los trámites.

Las dos formas jurídicas y fiscales de empresas en España son los autónomos y las sociedades limitadas. Entre ambas, alcanzan 87% del tejido empresarial español (Fuente: INE). Las diferencias fundamentales entre ambas formas son:

Tipo de empresa Nº socios Capital Responsabilidad
Empresario Individual (Autónomo) 1 No existe mínimo legal El socio se responsabiliza con todos sus bienes
Sociedad de Responsabilidad Limitada Mínimo 1 Mínimo 3.005,6 euros Limitada al capital aportado en la sociedad

La fiscalidad está también condicionada según la forma elegida para la empresa. La diferencia clave entre ser autónomo y tener una sociedad limitada, radica en la tributación. En el caso de autónomos se realiza a través del IRPF y en el caso de SL, a través del Impuesto de Sociedades. Con el IRPF se aplica un tipo impositivo progresivo que va elevándose según van incrementándose los beneficios y con el Impuesto de Sociedades se aplica un tipo fijo.

Es clave, por tanto, que las personas que se quieren lanzar a una actividad económica o creación de empresa, que se asesoren muy bien antes de decidir la forma jurídica y entiendan bien consecuencias posibles legales y fiscales. Para ello, lo mejor es asesorarse por expertos.

Laura Cajade, Co-founder & CEO de Telogestionamos

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