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“Reloj no marques las horas….”

Se nos escapa el tiempo aumentando, día a día, nuestras cargas de trabajo, echo que nos acaba produciendo estrés y ansiedad. ¡Hay que aprender a jerarquizar!

Aunque ese título pueda sonar apetecible en algún momento especialmente placentero en el que nos gustaría detener el paso del tiempo, sólo es el título de un bolero. El día tiene 24 horas, la misma duración para cada uno de nosotros y el tiempo es una dimensión imparable e incontrolable, sólo susceptible de una buena gestión y un adecuado aprovechamiento.

Pero ¿qué significa una adecuada gestión del tiempo? Ni más ni menos que aquella que responda a nuestras necesidades y exigencias y nos aporte serenidad. La falta de tiempo está muy ligada a sensaciones poco placenteras como el estrés, la ansiedad, las prisas, los agobios, etc. Pero esa adecuada gestión será sustancialmente diferente para un ejecutivo de inversiones en la Bolsa de Nueva York o para un monje tibetano dedicado a la meditación. Sin embargo la medida del tiempo es igual para el uno y el otro. Lo que varía de forma evidente es el uso y destino que ambos le dan a esas mismas horas.

Un antiguo jefe mío, entrañable persona e infatigable trabajador, cuando sus colaboradores se quejaban porque tenían muchas tareas que realizar y el consabido “poco tiempo”, siempre afirmaba “el día tiene 24 horas, pero si te levantas una hora antes, tiene 25”.

Si descontamos esa alternativa, creo que la única solución posible es la organización y planificación del tiempo y sus tareas. Una herramienta útil suele ser realizar durante unos días un Registro o Control de Actividades, con 3 columnas: las actividades realizadas (con independencia de su duración); las actividades no realizadas (aunque estaban programadas) y las que nos hubiera gustado realizar (los desiderátum). Si la segunda columna se llena con demasiada facilidad se pone de manifiesto una dificultad clara: o bien hay una mala planificación (incorrecta en las tareas o mal calculada en su duración) o tal vez asumimos la realización de demasiadas tareas, de las que nos responsabilizamos cuando no nos corresponden. En ambos casos si esa segunda columna aumenta de forma abundante, urge ponerle remedio si uno no quiere acabar en la consulta del médico, tomando ansiolíticos o simplemente desbordado.

Son muchas las herramientas que nos pueden acompañar en ese camino de una gestión más eficaz, pero casi todas pasan por hacer un análisis previo de las tareas y una jerarquización clara de las mismas: las ineludibles, aquellas que no se pueden aplazar, las que no pueden ser delegadas, etc. Y por supuesto no se pueden olvidar los imprevistos (que como las meigas, haberlos háylos) y la previsión de momentos o acciones agradables, placenteras, deseadas, aquellas en las que recreamos el tiempo de los segundos, uno tras otro, y que son el contrapunto imprescindible al esfuerzo laboral cotidiano o de cumplimiento de todas nuestras obligaciones de cualquier índole.

Juan F. Bueno, Managing Partner en R&H Talento y Personas

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1 Comentario en “Reloj no marques las horas….”

  1. Me impacto la frase que dice: “el día tiene 24 horas, pero si te levantas una hora antes, tiene 25”. Pero al terminar la jornada como evitar sentirse cansado?

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